jueves, 10 de enero de 2013

PATRIA POTESTAD

Esta entrevista ocurrió hoy en FM Gente, lo que pego acá están el la página Web de dicha emisora.-

"Vecinos del barrio granja Cuñetti desesperados: zona liberada

12:46 | Vecinos del barrio granja Cuñetti serán recibidos este jueves 10 de enero por el jefe de Policía para buscar alguna solución al drama que viven, bajo el imperio de la violencia de jóvenes que se sienten personajes de un juego informático. Un vecino que se atrevió a vencer el pavor, contó la historia a FM Gente.
Los ataques van desde lluvias de piedras sobre viviendas, vehículos estacionados, o las mismas personas, a incendio de autos con bombas molotov que los reducen a fierros chamuscados. El terror. Los vecinos ven impotentes el avance de la locura. Cuando salen, o llaman a la policía, los agresores se esconden. Esperan la oportunidad y vuelven. Las víctimas no se distinguen por condición socio económica, edad, o cualquier otra características.

Esos mismos chicos, el resto del día juegan como los de cualquier otro lugar, a las mismas cosas. En las noches se convierten en personajes del juego informático GTA. Y los vecinos sienten que desde hace un año fueron convertidos en personajes secundarios de esa misma locura.

Sebastián Martínez, un vecino que venció el temor a denunciar públicamente lo que está pasando, aceptó ser entrevistado por Alexis Cadimar en la página central de La Revista, el programa matinal de FM Gente. Afirmó que vive en una zona liberada del control policial.

Martínez contó que el juego para esta banda de muchachos, el drama para los vecinos, empezó hace un año. Y que ha ido creciendo en sus formas de expresión violenta. En octubre çobró protagonismo un nuevo modo de agresividad: la pirotecnia. Prenden fuego bienes diversos, vehículos, o atacan de forma concertada con bombas Molotov las viviendas o techos sin un patrón determinado.

“No podemos reunirnos en nuestras casas en paz porque la amenaza es constante, de incendios, agresiones con piedras, a familiares, amigos o vecinos”, cuenta Martínez sin dramatizar. Con el tono de quien está cansado de contar su tragedia, sin que nadie les ofrezca una solución.

Afirma que cuando llaman a la policía, ésta siempre responde, pero los vándalos desaparecen, saben que quedan escondidos en los alrededores, esperando a que se vayan. Y una vez que la policía desaparece, “atacan” nuevamente, con más ferocidad que antes, o con objetivos cada vez más peligrosos.

Martínez cuenta que un vecino, harto de lo que estaba viendo alrededor de su vivienda, tomó un cuchillo y, desde detrás de las rejas que protegen la casa, les hizo señas que estaba dispuesto a todo para defenderla. Los muchachos se ríen.

El vecino que contó la situación a FM Gente afirma que los chicos se sienten protagonistas de un juego, cuyo objetivo es la comisión de delitos y escapar de la policía. “Estos personajes se comportan como los del juego”; dice Martínez. Señala que no son conscientes para nada del drama al que han sometido al barrio, a gente que vive de su trabajo y el sacrificio diario.

“Para mi sería una bendición ver a mi hijo jugando con una pelota” en el lugar que los muchachos adoptaron como escenario de su violencia, afirma Martínez.

Si constatan cual fue el vecino que los denunció la última vez, lo convierten, a él, a miembros de su grupo familiar, o a su casa, en un objetivo de sus ataques.

Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.

El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
Los ataques van desde lluvias de piedras sobre viviendas, vehículos estacionados, o las mismas personas, a incendio de autos con bombas molotov que los reducen a fierros chamuscados. El terror. Los vecinos ven impotentes el avance de la locura. Cuando salen, o llaman a la policía, los agresores se esconden. Esperan la oportunidad y vuelven. Las víctimas no se distinguen por condición socio económica, edad, o cualquier otra características.
Esos mismos chicos, el resto del día juegan como los de cualquier otro lugar, a las mismas cosas. En las noches se convierten en personajes del juego informático GTA. Y los vecinos sienten que desde hace un año fueron convertidos en personajes secundarios de esa misma locura.

Sebastián Martínez, un vecino que venció el temor a denunciar públicamente lo que está pasando, aceptó ser entrevistado por Alexis Cadimar en la página central de La Revista, el programa matinal de FM Gente. Afirmó que vive en una zona liberada del control policial.

Martínez contó que el juego para esta banda de muchachos, el drama para los vecinos, empezó hace un año. Y que ha ido creciendo en sus formas de expresión violenta. En octubre çobró protagonismo un nuevo modo de agresividad: la pirotecnia. Prenden fuego bienes diversos, vehículos, o atacan de forma concertada con bombas Molotov las viviendas o techos sin un patrón determinado.

“No podemos reunirnos en nuestras casas en paz porque la amenaza es constante, de incendios, agresiones con piedras, a familiares, amigos o vecinos”, cuenta Martínez sin dramatizar. Con el tono de quien está cansado de contar su tragedia, sin que nadie les ofrezca una solución.

Afirma que cuando llaman a la policía, ésta siempre responde, pero los vándalos desaparecen, saben que quedan escondidos en los alrededores, esperando a que se vayan. Y una vez que la policía desaparece, “atacan” nuevamente, con más ferocidad que antes, o con objetivos cada vez más peligrosos.

Martínez cuenta que un vecino, harto de lo que estaba viendo alrededor de su vivienda, tomó un cuchillo y, desde detrás de las rejas que protegen la casa, les hizo señas que estaba dispuesto a todo para defenderla. Los muchachos se ríen.

El vecino que contó la situación a FM Gente afirma que los chicos se sienten protagonistas de un juego, cuyo objetivo es la comisión de delitos y escapar de la policía. “Estos personajes se comportan como los del juego”; dice Martínez. Señala que no son conscientes para nada del drama al que han sometido al barrio, a gente que vive de su trabajo y el sacrificio diario.

“Para mi sería una bendición ver a mi hijo jugando con una pelota” en el lugar que los muchachos adoptaron como escenario de su violencia, afirma Martínez.

Si constatan cual fue el vecino que los denunció la última vez, lo convierten, a él, a miembros de su grupo familiar, o a su casa, en un objetivo de sus ataques.

Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.

El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
Esos mismos chicos, el resto del día juegan como los de cualquier otro lugar, a las mismas cosas. En las noches se convierten en personajes del juego informático GTA. Y los vecinos sienten que desde hace un año fueron convertidos en personajes secundarios de esa misma locura.
Sebastián Martínez, un vecino que venció el temor a denunciar públicamente lo que está pasando, aceptó ser entrevistado por Alexis Cadimar en la página central de La Revista, el programa matinal de FM Gente. Afirmó que vive en una zona liberada del control policial.

Martínez contó que el juego para esta banda de muchachos, el drama para los vecinos, empezó hace un año. Y que ha ido creciendo en sus formas de expresión violenta. En octubre çobró protagonismo un nuevo modo de agresividad: la pirotecnia. Prenden fuego bienes diversos, vehículos, o atacan de forma concertada con bombas Molotov las viviendas o techos sin un patrón determinado.

“No podemos reunirnos en nuestras casas en paz porque la amenaza es constante, de incendios, agresiones con piedras, a familiares, amigos o vecinos”, cuenta Martínez sin dramatizar. Con el tono de quien está cansado de contar su tragedia, sin que nadie les ofrezca una solución.

Afirma que cuando llaman a la policía, ésta siempre responde, pero los vándalos desaparecen, saben que quedan escondidos en los alrededores, esperando a que se vayan. Y una vez que la policía desaparece, “atacan” nuevamente, con más ferocidad que antes, o con objetivos cada vez más peligrosos.

Martínez cuenta que un vecino, harto de lo que estaba viendo alrededor de su vivienda, tomó un cuchillo y, desde detrás de las rejas que protegen la casa, les hizo señas que estaba dispuesto a todo para defenderla. Los muchachos se ríen.

El vecino que contó la situación a FM Gente afirma que los chicos se sienten protagonistas de un juego, cuyo objetivo es la comisión de delitos y escapar de la policía. “Estos personajes se comportan como los del juego”; dice Martínez. Señala que no son conscientes para nada del drama al que han sometido al barrio, a gente que vive de su trabajo y el sacrificio diario.

“Para mi sería una bendición ver a mi hijo jugando con una pelota” en el lugar que los muchachos adoptaron como escenario de su violencia, afirma Martínez.

Si constatan cual fue el vecino que los denunció la última vez, lo convierten, a él, a miembros de su grupo familiar, o a su casa, en un objetivo de sus ataques.

Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.

El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
Sebastián Martínez, un vecino que venció el temor a denunciar públicamente lo que está pasando, aceptó ser entrevistado por Alexis Cadimar en la página central de La Revista, el programa matinal de FM Gente. Afirmó que vive en una zona liberada del control policial.
Martínez contó que el juego para esta banda de muchachos, el drama para los vecinos, empezó hace un año. Y que ha ido creciendo en sus formas de expresión violenta. En octubre çobró protagonismo un nuevo modo de agresividad: la pirotecnia. Prenden fuego bienes diversos, vehículos, o atacan de forma concertada con bombas Molotov las viviendas o techos sin un patrón determinado.

“No podemos reunirnos en nuestras casas en paz porque la amenaza es constante, de incendios, agresiones con piedras, a familiares, amigos o vecinos”, cuenta Martínez sin dramatizar. Con el tono de quien está cansado de contar su tragedia, sin que nadie les ofrezca una solución.

Afirma que cuando llaman a la policía, ésta siempre responde, pero los vándalos desaparecen, saben que quedan escondidos en los alrededores, esperando a que se vayan. Y una vez que la policía desaparece, “atacan” nuevamente, con más ferocidad que antes, o con objetivos cada vez más peligrosos.

Martínez cuenta que un vecino, harto de lo que estaba viendo alrededor de su vivienda, tomó un cuchillo y, desde detrás de las rejas que protegen la casa, les hizo señas que estaba dispuesto a todo para defenderla. Los muchachos se ríen.

El vecino que contó la situación a FM Gente afirma que los chicos se sienten protagonistas de un juego, cuyo objetivo es la comisión de delitos y escapar de la policía. “Estos personajes se comportan como los del juego”; dice Martínez. Señala que no son conscientes para nada del drama al que han sometido al barrio, a gente que vive de su trabajo y el sacrificio diario.

“Para mi sería una bendición ver a mi hijo jugando con una pelota” en el lugar que los muchachos adoptaron como escenario de su violencia, afirma Martínez.

Si constatan cual fue el vecino que los denunció la última vez, lo convierten, a él, a miembros de su grupo familiar, o a su casa, en un objetivo de sus ataques.

Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.

El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
Martínez contó que el juego para esta banda de muchachos, el drama para los vecinos, empezó hace un año. Y que ha ido creciendo en sus formas de expresión violenta. En octubre çobró protagonismo un nuevo modo de agresividad: la pirotecnia. Prenden fuego bienes diversos, vehículos, o atacan de forma concertada con bombas Molotov las viviendas o techos sin un patrón determinado.
“No podemos reunirnos en nuestras casas en paz porque la amenaza es constante, de incendios, agresiones con piedras, a familiares, amigos o vecinos”, cuenta Martínez sin dramatizar. Con el tono de quien está cansado de contar su tragedia, sin que nadie les ofrezca una solución.

Afirma que cuando llaman a la policía, ésta siempre responde, pero los vándalos desaparecen, saben que quedan escondidos en los alrededores, esperando a que se vayan. Y una vez que la policía desaparece, “atacan” nuevamente, con más ferocidad que antes, o con objetivos cada vez más peligrosos.

Martínez cuenta que un vecino, harto de lo que estaba viendo alrededor de su vivienda, tomó un cuchillo y, desde detrás de las rejas que protegen la casa, les hizo señas que estaba dispuesto a todo para defenderla. Los muchachos se ríen.

El vecino que contó la situación a FM Gente afirma que los chicos se sienten protagonistas de un juego, cuyo objetivo es la comisión de delitos y escapar de la policía. “Estos personajes se comportan como los del juego”; dice Martínez. Señala que no son conscientes para nada del drama al que han sometido al barrio, a gente que vive de su trabajo y el sacrificio diario.

“Para mi sería una bendición ver a mi hijo jugando con una pelota” en el lugar que los muchachos adoptaron como escenario de su violencia, afirma Martínez.

Si constatan cual fue el vecino que los denunció la última vez, lo convierten, a él, a miembros de su grupo familiar, o a su casa, en un objetivo de sus ataques.

Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.

El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
“No podemos reunirnos en nuestras casas en paz porque la amenaza es constante, de incendios, agresiones con piedras, a familiares, amigos o vecinos”, cuenta Martínez sin dramatizar. Con el tono de quien está cansado de contar su tragedia, sin que nadie les ofrezca una solución.
Afirma que cuando llaman a la policía, ésta siempre responde, pero los vándalos desaparecen, saben que quedan escondidos en los alrededores, esperando a que se vayan. Y una vez que la policía desaparece, “atacan” nuevamente, con más ferocidad que antes, o con objetivos cada vez más peligrosos.

Martínez cuenta que un vecino, harto de lo que estaba viendo alrededor de su vivienda, tomó un cuchillo y, desde detrás de las rejas que protegen la casa, les hizo señas que estaba dispuesto a todo para defenderla. Los muchachos se ríen.

El vecino que contó la situación a FM Gente afirma que los chicos se sienten protagonistas de un juego, cuyo objetivo es la comisión de delitos y escapar de la policía. “Estos personajes se comportan como los del juego”; dice Martínez. Señala que no son conscientes para nada del drama al que han sometido al barrio, a gente que vive de su trabajo y el sacrificio diario.

“Para mi sería una bendición ver a mi hijo jugando con una pelota” en el lugar que los muchachos adoptaron como escenario de su violencia, afirma Martínez.

Si constatan cual fue el vecino que los denunció la última vez, lo convierten, a él, a miembros de su grupo familiar, o a su casa, en un objetivo de sus ataques.

Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.

El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
Afirma que cuando llaman a la policía, ésta siempre responde, pero los vándalos desaparecen, saben que quedan escondidos en los alrededores, esperando a que se vayan. Y una vez que la policía desaparece, “atacan” nuevamente, con más ferocidad que antes, o con objetivos cada vez más peligrosos.
Martínez cuenta que un vecino, harto de lo que estaba viendo alrededor de su vivienda, tomó un cuchillo y, desde detrás de las rejas que protegen la casa, les hizo señas que estaba dispuesto a todo para defenderla. Los muchachos se ríen.

El vecino que contó la situación a FM Gente afirma que los chicos se sienten protagonistas de un juego, cuyo objetivo es la comisión de delitos y escapar de la policía. “Estos personajes se comportan como los del juego”; dice Martínez. Señala que no son conscientes para nada del drama al que han sometido al barrio, a gente que vive de su trabajo y el sacrificio diario.

“Para mi sería una bendición ver a mi hijo jugando con una pelota” en el lugar que los muchachos adoptaron como escenario de su violencia, afirma Martínez.

Si constatan cual fue el vecino que los denunció la última vez, lo convierten, a él, a miembros de su grupo familiar, o a su casa, en un objetivo de sus ataques.

Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.

El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
Martínez cuenta que un vecino, harto de lo que estaba viendo alrededor de su vivienda, tomó un cuchillo y, desde detrás de las rejas que protegen la casa, les hizo señas que estaba dispuesto a todo para defenderla. Los muchachos se ríen.
El vecino que contó la situación a FM Gente afirma que los chicos se sienten protagonistas de un juego, cuyo objetivo es la comisión de delitos y escapar de la policía. “Estos personajes se comportan como los del juego”; dice Martínez. Señala que no son conscientes para nada del drama al que han sometido al barrio, a gente que vive de su trabajo y el sacrificio diario.

“Para mi sería una bendición ver a mi hijo jugando con una pelota” en el lugar que los muchachos adoptaron como escenario de su violencia, afirma Martínez.

Si constatan cual fue el vecino que los denunció la última vez, lo convierten, a él, a miembros de su grupo familiar, o a su casa, en un objetivo de sus ataques.

Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.

El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
El vecino que contó la situación a FM Gente afirma que los chicos se sienten protagonistas de un juego, cuyo objetivo es la comisión de delitos y escapar de la policía. “Estos personajes se comportan como los del juego”; dice Martínez. Señala que no son conscientes para nada del drama al que han sometido al barrio, a gente que vive de su trabajo y el sacrificio diario.
“Para mi sería una bendición ver a mi hijo jugando con una pelota” en el lugar que los muchachos adoptaron como escenario de su violencia, afirma Martínez.

Si constatan cual fue el vecino que los denunció la última vez, lo convierten, a él, a miembros de su grupo familiar, o a su casa, en un objetivo de sus ataques.

Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.

El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
“Para mi sería una bendición ver a mi hijo jugando con una pelota” en el lugar que los muchachos adoptaron como escenario de su violencia, afirma Martínez.
Si constatan cual fue el vecino que los denunció la última vez, lo convierten, a él, a miembros de su grupo familiar, o a su casa, en un objetivo de sus ataques.

Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.

El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
Si constatan cual fue el vecino que los denunció la última vez, lo convierten, a él, a miembros de su grupo familiar, o a su casa, en un objetivo de sus ataques.
Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.

El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
Los vecinos armaron un dossier que contiene la denuncia de las principales agresiones, fotos de cómo quedaron los objetos convertidos en objetivos de esta banda, que hacen llegar a los distintos poderes de la sociedad esperando una ayuda. Pero no la consiguen.
El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.

Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
El mismo día que Martínez aceptó asistir a FM Gente para contar el drama, el jueves 10 de enero, el jefe de Policía de Maldonado, el inspector Juan Balbi, les comunicó que los iba a recibir a última hora de la tarde.
Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.

Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
Martínez dijo que pese a los disfraces con que se visten estos niños para dificultar su identificación, hay cuatro o cinco que ya están individualizados, por sus voces, por la forma de caminar o gesticular, pero no son pruebas suficientes para los procedimientos legales que pudieran detenerlo.
Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.

“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
Pidió la intervención del Grupo GEO para parar lo que les pasa. Dijo que cuando este intervino lo hizo sin mostrar excesos de fuerza pese a que es un cuerpo especializado en remitir la violencia.
“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.
“No puede ser que no podamos hacer nada, tiene que haber alguien que haga algo”, se lamentó Martínez.

Las 11 de la noche en el barrio granja Cuñetti. En la zona del puente amarillo se empiezan a apagar las luces del alumbrado público. Son rotas, una por una. En las sombras, aparecen menores, niños grandes, con gorritos, bufandas u otros atuendos que hacen difícil su identificación. Ya establecieron su objetivo. Y atacan. 
"
Acá termina la entrevista, y más abajo comenzará mi opinión....

PATRIA POTESTAD....

Todos hemos escuchado o hablado sobre los Derechos Humanos, también fueron muy manidos los derechos de los niños. Pero..., (siempre hay un PERO), 
Nadie habla de las OBLIGACIONES, que OTORGAN LOS DERECHOS.-
Los derechos de alguien son el premio o el regalo que nos otorgan por haber cumplido con nuestras obligaciones.-
Es decir, que si pretendemos que únicamente se esté mirando los derechos de alguien, ya sea de un delincuente, de un Legislador, de un Presidente, o en este caso de un niño, antes deberíamos preguntarnos ¿cumplió con sus obligaciones?....
El derecho no es un regalo, es obtenido con sacrificio y constancia...
Constancia en respetar al vecino,
Constancia en respetar a nuestros padres,
Constancia de respetar a un animal
Constancia de RESPETAR....., que no es poca cosa.....

Hubo un gran canta autor, que plasmó en sus letras la siguiente reflexión:-

"Rispete, cuando usted mande.
"Rispeta, cuando es mandao,
"Rispetar y ser callado ,
"Son las armas del que SABE"
(De "Sentir para un hijo gaucho" José Larralde.-

En el caso que se describe en la nota de FM Gente, deja entrever que los padres de los jóvenes, no cumplen con la principal obligación que tienen ante sus hijos, los vecinos y la sociedad toda.-
Estar atentos e informados de: ¿dónde están,?, con ¿quién se juntan?, ¿qué hacen juntos?....
Estas simples preguntas harían a cualquier Padre o Madre, sospechar que hay una actitud un poco anómala, algo que están haciendo que no es lo adecuado y les daría las pautas para poner los correctivos más convenientes, sin llegar a la violencia de los golpes.-
Pero si fuese necesario que el correctivo fuese una nalgada o quizá un bofetón, (no digo golpearlo hasta romperle una costilla, o boltearle todos los dienes NO.), un correctivo a tiempo es como un Tutor puesto en un proyecto de árbol, lo endereza pero no lo lastima....
Esa es nuestra obligación y nuestra función de padres.-
Tener un hijo, no es solo engendrarlo, y botarlo, una vez que el niño es parido, allí comienza nuestro verdadero trabajo, nuestras verdaderas obligaciones para con él, con los vecinos y la sociedad, como decía antes, DEBEMOS: ALIMENTARLOS, DARLE SALUD, DARLE CULTURA, DARLE CONTENCIÓN, PERO LO QUE ES MÁS IMPORTANTE...."DARLES EDUCACIÓN".- 
Que el niño se cultive en instituciones ya sean públicas o privadas, parte de sus derechos, pero también acarrean las obligaciones de que no falten, de que estudien, de que se esfuercen al máximo, y no se conformen con un 6 "si total paso".-
Si tienen mejores notas, se les otorga el derecho a la diversión, con otros ciudadanos en vías de desarrollo como ellos y si pasa lo contrario, pues ese es el momento de ponerle un educativo, un "TUTOR", algo que sin tocarlos les duela tanto que prefieran hacer lo adecuado, cumplir con sus obligaciones.
No es necesario pegarle a un animal para que comprenda ¿que es lo que tiene que hacer?, simplemente, si no lo hace le quitamos el hueso que más le gusta, o el juguete....
El ser humano, no deja de ser un ANIMAL, se le educa de la misma forma.... "Si no subes las notas como mínimo a 8 no sales"... y se acabó...
En el caso que se describe más arriba, era suficiente que un padre o madre informada de los andares de sus hijos, le pusieran como educativo, (y dije EDUCATIVO, y no CASTIGO). El quitarle la computadora, la consola de juegos etc... cualquier cosa que se refiera a lo que él está asumiendo...-
Pero claro esto trae más trabajo, y los padres de hoy prefieren sentarse a tomar un vaso de vino, fumarse un pucho, o una pipa de pasta y de los gurises..."Dejá, que se arreglen"....
Acá es donde comienzan los DELITOS....
Los padres que tienen esta actitud frente a la vida y frente a sus hijos. SON DELINCUENTES. faltan la principal Ley jurídica sobre la PATERIDAD y Lea que puse Paternidad y NO "PATERNIDAD RESPONSABLE, Que es quienes estamos atentos a que es lo que pasa con nuestros hijos, sin necesidad de invadir su espacio físico y cibernetico.-
PERO ESTO NO TERMINA AHÍ.-
No sólo los padres que desatienden la ley muy manida llamada PATRIA POTESTAD, ( pego un link a tal documento) http://www.parlamento.gub.uy/codigos/codigocivil/2002/L1t8c3.htm, son delincuentes, también lo son Los Jueces Permisivos, que no ponen orden aplicando la ley tanto a los padres infractores como a los propios jóvenes que cometieron delitos contra la sociead. Pero esto no queda ahí, también son Delincuentes, los Ministros de la Corte de Justicia, por no instruir a los jueces a que apliquen la ley y que las penas que no se le pueden aplicar a un menor por ser inimputables, que se las pliquen a los pares infractores, con penas por ejemplo de que en primera vez, Advetencia, en segunda Trabajos comunitarios con identificación como que es un padre de un hijo delincuente, a la tercera y sucesivas prisión o penitenciaría, según la falta.-.
No es necesario hacer cálculos cuánticos para ver que la sociedad está involucionando, pero hasta los cavernícolas tenían normas de conducta que hicieron de esta especie la más elaborada y la que está en la sima del árbol del Reino.-
No es necesario mal tratar a los jóvenes.
No es necesario perseguirlos hasta hacerlos inútiles por dependencia a los padres...
ES MUY NECESARIO HABLAR CON ELLOS, A LA ALTURA DE ELLOS.
Comentar sobre sus necesidades y transformarlas en herramientas de educación...
Quieres una Play..., pues veamos como te va en el liceo....
Quieres una chiva, pues la tienes si cumples con tus obligaciones, (Liceo, trabajo, vecindad, colaboración con el hogar, respeto a los vecinos, a la familia, a ti mismo).-

NADA ES DIFÍCIL, NADA CUESTA, TODO VA EN LA VOLUNTAD DE CAMBIAR Y "REVOLUCIONARSE".

Eso es ser "REVOLUCIONARIO", no andar con armas disparando sin ton ni son, o tirando bombas Molotov.-
Pero si lo es, aquel que intenta cambiar al Mundo, cambiándose a si mismo.-

Gracias por haber llegado hasta este punto.
Si está de acuerdo agradecería un comentario positivo.
Si no está de acuerdo, también agradecería el comentario, así aprendo de lo que puedan opinar otras personas...
De todos modos, muchas gracias.-